El martes pasado me impresionó la llamada de Carla, una mujer a quien la vida le ha reservado tantas amarguras que no esperaba nada positivo de ella. Su voz quebrada y triste narraba las desventuras y sufrimientos pasados: su infancia desprotegida, su juventud maltratada, su huída constante, su soledad... Una mujer de vida nada fácil, un desacorde para el amor que profesa.
A veces, ni el hombre mismo conoce sus límites. ¿Dónde está el bien o el mal? ¿Dónde se encuentra la línea que los separa? ¿Por qué la cruzamos? Antes de emitir un juicio nos deberíamos plantear éstas y muchas otras preguntas, porque bien es verdad que a veces reflejamos lo que nunca fuimos: ni el que se aferra a la defensa de la moral es ejemplo de perfección, ni el insensato es símbolo de hipocresía. Somos víctimas de nuestras decisiones; de su acierto o desatino dependen el éxito o el fracaso, pero lo que importa es saber asumir sus consecuencias.
Según los expertos en psicología, parece que la fuerza de la personalidad reside en el amor acumulado y, si no hay reservas, el corazón las busca sin obedecer a leyes ni mandamientos, sin delimitar espacios ni fronteras, sólo atendiendo a los impulsos de su sinrazón.
Yo apuesto por los corazones de "cinco estrellas", que son los que no enmascaran la realidad, los que no se muestran impasibles ante los sentimientos, los que saben escuchar en silencio unos gritos de angustia y los que saben respetar la dualidad de la Magdalena cuando se encierra en "la más señora de todas las putas" o en "la más puta de todas las señoras".
Una canción para la Magdalena (Joaquín Sabina - 19 días y 500 noches)
Si a media noche, por la carretera
que te conté,
detrás de una gasolinera
donde llené,
te hacen un guiño unas bombillas
azules, rojas y amarillas,
pórtate bien y frena.
Y, si la Magdalena
pide un trago,
tú la invitas a cien
que yo los pago.
Acércate a su puerta y llama
si te mueres de sed,
si ya no juegas a las damas
ni con tu mujer.
Sólo te pido que me escribas,
contándome si sigue viva
la virgen del pecado,
la novia de la flor de la saliva,
el sexo con amor de los casados.
Dueña de un corazón,
tan cinco estrellas,
que, hasta el hijo de un Dios,
una vez que la vio,
se fue con ella.
Y nunca le cobró
la Magdalena.
Si estás más solo que la luna,
déjate convencer,
brindando a mi salud, con una
que yo me sé.
Y, cuando suban las bebidas,
el doble de lo que te pida
dale por sus favores,
que, en casa de María de Magdala,
las malas compañías son las mejores.
Si llevas grasa en la guantera
o un alma que perder,
aparca, junto a sus caderas
de leche y miel.
Entre dos curvas redentoras
la más prohibida de las frutas
te espera hasta la aurora,
la más señora de todas las putas,
la más puta de todas las señoras.
Con ese corazón,
tan cinco estrellas,
que, hasta el hijo de un Dios,
una vez que la vio,
se fue con ella,
Y nunca le cobró
la Magdalena.
hola, por alusiones he venido, nombras a un corazón de cinco estrellas y aquí estoy yo ;) Me ha gustado mucho el post, no escuché la llamada porque últimamente duermo pronto por asuntos de trabajo.
majete dijo
hola, por alusiones he venido, nombras a un corazón de cinco estrellas y aquí estoy yo ;) Me ha gustado mucho el post, no escuché la llamada porque últimamente duermo pronto por asuntos de trabajo.
Me gusta mucho tu site, felicidades.
Un saludo
12 Noviembre 2007 | 04:40 PM